OAPAS presume reparación de fugas; vecinos exhiben en Zomeyucan agua corriendo y pavimento destrozado
Una denuncia ciudadana que circula en redes sociales exhibe las condiciones en las que quedó una intervención sobre avenida Río Hondo, en San Antonio Zomeyucan: pavimento destruido, escombro sobre la vialidad y agua que continúa corriendo. El caso contrasta con la narrativa oficial de OAPAS sobre la atención de fugas y vuelve a colocar en el centro un problema que Naucalpan arrastra desde hace décadas: una red hidráulica envejecida que requiere una renovación profunda y no solamente reparaciones aisladas.
Una denuncia ciudadana comenzó a circular en redes sociales para exhibir lo que vecinos de San Antonio Zomeyucan consideran un trabajo deficiente en la atención de una fuga de agua. El reporte ubica el problema sobre avenida Río Hondo, cerca de la Secundaria 98, donde fotografías y video muestran una excavación en la vialidad, grandes fragmentos de concreto, cascajo acumulado, una cinta preventiva colocada alrededor de la zona y agua que continúa extendiéndose sobre el pavimento.
De acuerdo con el testimonio difundido por vecinos, en el lugar se habría realizado previamente una intervención para atender una fuga en la red hidráulica, pero el problema no habría quedado correctamente solucionado. La publicación cuestiona además el desperdicio del líquido en un municipio donde distintas comunidades enfrentan baja presión, cortes o problemas recurrentes de suministro.
Metrópoli.click no cuenta hasta el momento con el folio de la reparación ni con una explicación técnica de OAPAS que permita conocer qué trabajos se realizaron exactamente, cuándo se efectuaron o si existe alguna intervención complementaria programada. Sin embargo, las condiciones mostradas por los propios vecinos permiten formular una pregunta muy sencilla: si el objetivo de los trabajos era reparar una fuga, ¿por qué continúa observándose agua en la zona y por qué la vialidad quedó en esas condiciones?
Una reparación hidráulica no termina cuando llega una cuadrilla y abre el pavimento. Tampoco cuando se interviene la tubería y se coloca una cinta alrededor de la excavación. El trabajo debería considerarse concluido cuando la fuga deja de desperdiciar agua, la excavación queda correctamente rellenada, se retira el material producto de los trabajos y la superficie de la calle vuelve a condiciones adecuadas para peatones y automovilistas.
Es precisamente ahí donde la denuncia de Zomeyucan se convierte en algo más que una fotografía de una calle dañada. El caso pone bajo cuestionamiento la calidad de algunas intervenciones y, sobre todo, la distancia que puede existir entre una reparación contabilizada administrativamente y un problema verdaderamente resuelto para el ciudadano.
OAPAS presume resultados, pero la calle también cuenta su propia historia
Durante la actual administración, el Gobierno de Naucalpan ha dedicado una parte importante de su comunicación a difundir trabajos de reparación de fugas, bacheo, rehabilitación de pozos, mantenimiento de tanques y modernización de infraestructura hidráulica. La propia administración ha presentado intervenciones en las que OAPAS realiza reparaciones y posteriormente repone pavimentos dañados por fugas, como parte de sus programas de recuperación urbana. (Gobierno Naucalpan)
Que un gobierno informe sobre lo que hace no sólo es legítimo, sino necesario. El problema comienza cuando la capacidad para anunciar los trabajos termina siendo más eficiente que la capacidad para garantizar su correcta conclusión. Los habitantes no viven dentro de los comunicados oficiales; viven en las calles donde pueden comprobar si la fuga dejó de correr, cuánto tiempo permaneció abierta una excavación y en qué condiciones quedó el pavimento después de que la cuadrilla se retiró.
Por eso una imagen como la de avenida Río Hondo resulta particularmente incómoda frente a una narrativa institucional basada en resultados. No importa cuántas reparaciones aparezcan en fotografías oficiales si posteriormente un vecino puede documentar un punto donde el agua continúa saliendo o donde la intervención dejó cascajo y una vialidad destruida. Una fuga atendida en un reporte interno no necesariamente es una fuga solucionada en la realidad.
La crítica tampoco debe confundirse con negar el trabajo cotidiano de las cuadrillas. OAPAS atiende miles de averías y evidentemente existen reparaciones que sí se realizan y concluyen correctamente. Lo que debe exigirse es que cada intervención tenga seguimiento, supervisión y un estándar mínimo de calidad antes de ser considerada terminada.
El problema de fondo no son sólo las fugas: es la antigüedad de la red
El caso de Zomeyucan también permite hablar de un problema mucho mayor que una sola reparación. El propio director de OAPAS, Gregorio Ramos, reconoció en agosto de 2026 que Naucalpan enfrenta alrededor de 8 mil fugas de agua al año, equivalentes a unas 21 averías diarias, y que por estas pérdidas puede desperdiciarse hasta 30% del suministro que recibe el municipio. También señaló que la red está conformada por cerca de 2 mil kilómetros de tuberías y que muchas tienen más de 60 años de servicio. (Meganoticias)
Ese diagnóstico debería modificar por completo la discusión pública. Naucalpan no tiene solamente un problema de velocidad para mandar cuadrillas; tiene un problema estructural de infraestructura envejecida. Muchas líneas fueron construidas cuando el municipio tenía una población, una demanda y una intensidad urbana muy distintas a las actuales, y hoy tienen que soportar décadas de desgaste, modificaciones de presión, nuevas conexiones y un consumo considerablemente mayor.
Cuando una red llega a esas condiciones, la consecuencia resulta previsible: se repara una fuga y aparece otra metros adelante; se rompe el pavimento, se coloca un nuevo tramo o un parche y meses después vuelve a intervenirse la zona. El organismo puede trabajar todos los días y aun así permanecer permanentemente detrás del problema, porque está intentando conservar una infraestructura cuya vida útil, en algunos sectores, ya se encuentra ampliamente comprometida.
Ahí está la diferencia entre reparar fugas y resolver la causa que las produce. Mientras el indicador político siga concentrándose únicamente en cuántas averías fueron atendidas, será posible presentar miles de acciones como un éxito aunque al iniciar el siguiente año existan prácticamente las mismas tuberías antiguas esperando la próxima ruptura.
Prometer en campaña es fácil; gobernar exige resultados
Prometer durante una campaña electoral es relativamente sencillo. Lo difícil comienza cuando llega el momento de convertir esas promesas en acciones y resultados que puedan comprobarse en las calles. Y en materia de agua, la administración encabezada por Isaac Montoya todavía tiene mucho que demostrar.
La realidad cotidiana de diversas comunidades de Naucalpan continúa marcada por fugas, problemas de presión, interrupciones y distribución mediante pipas cuando la red no logra responder adecuadamente. Las pipas son indispensables para enfrentar emergencias y contingencias, pero un municipio de la importancia económica y poblacional de Naucalpan no debería normalizar que el camión cisterna termine sustituyendo durante largos periodos aquello que tendría que proporcionar una red hidráulica funcional.
Uno de los ejemplos más visibles ocurrió en 2025 alrededor del pozo La Hoja, en Las Américas, donde decenas de pipas privadas formaron largas filas para abastecerse. OAPAS sostuvo que la extracción era legal y explicó que existen 98 concesiones para camiones cisterna; EL UNIVERSAL documentó además que la flotilla llegó a extraer cerca de un millón de litros diarios en ese punto durante el episodio que generó inconformidad vecinal. (El Universal)
La discusión no consiste en afirmar que toda utilización de pipas sea irregular. El punto es otro: la intensidad con la que un municipio necesita recurrir a ellas evidencia también las limitaciones de su sistema de distribución. Una pipa puede resolver una emergencia; no debería convertirse en el símbolo cotidiano de un servicio que tendría que llegar principalmente por tubería.
Y tampoco estamos hablando de un gobierno sin capacidad presupuestal. Para el ejercicio fiscal 2026, el Ayuntamiento aprobó un presupuesto definitivo de 6 mil 949 millones 821 mil pesos, prácticamente 7 mil millones, y la propia administración señaló que entre las prioridades estarían la infraestructura urbana e hidráulica. Evidentemente, ese presupuesto municipal no corresponde íntegramente a OAPAS ni puede destinarse exclusivamente al agua, pero sí permite dimensionar la capacidad financiera de uno de los principales municipios del Estado de México. (Gobierno Naucalpan)
Por eso resulta difícil aceptar como modelo permanente una política fundamentalmente reactiva: esperar a que una tubería reviente, recibir el reporte, enviar una cuadrilla, abrir la calle, reparar el tramo y esperar hasta la siguiente fuga. El mantenimiento siempre será necesario, incluso con una red nueva, pero cuando existen miles de averías cada año y tuberías con más de seis décadas de servicio, la renovación debería ocupar un lugar mucho más visible en las metas y en el presupuesto.
Más preocupante todavía es que, mientras la administración anuncia con bombo y platillo cada reparación para reforzar la narrativa de que el problema está siendo atendido, imágenes como las difundidas desde San Antonio Zomeyucan muestran que algunas intervenciones siguen siendo cuestionadas por quienes viven diariamente sus consecuencias. No importa cuántas fugas aparezcan como reparadas en un comunicado si una supuestamente atendida continúa tirando agua.
¿Dónde quedó el C4 del Agua prometido en campaña?
Aquí aparece inevitablemente una de las promesas más publicitadas de Isaac Montoya durante la campaña de 2024: la creación de un C4 del Agua. Entonces se presentó como un Centro de Monitoreo Inteligente que permitiría sectorizar Naucalpan, instalar válvulas inteligentes, detectar problemas en tiempo real y reducir la atención de las fugas a menos de seis horas. La propuesta incluía además inversión en obras hídricas y sustitución de redes obsoletas. (Página Nueve)
Ya como presidente municipal, la promesa volvió a aparecer en la comunicación oficial. En enero de 2025, el Ayuntamiento anunció que “se implementará el C4 del Agua” para monitorear durante las 24 horas y detectar fugas en tiempo real; posteriormente OAPAS aseguró que la estrategia “en breve entrará en funcionamiento”. (Gobierno Naucalpan)
Sin embargo, en junio de 2026 el propio Gobierno Municipal todavía utilizaba una formulación distinta. Durante la rehabilitación del tanque de Jardines de la Florida, Isaac Montoya afirmó que la actualización del sistema de telemetría representaba un paso “hacia la creación del C4 del Agua”. Es decir, más de un año después de que se dijera que la estrategia entraría en funcionamiento “en breve”, la administración seguía hablando públicamente de avanzar hacia su creación. (Gobierno Naucalpan)
Esa diferencia merece una explicación. La ciudadanía tiene derecho a conocer qué existe hoy físicamente del C4 del Agua, cuánto se ha invertido, cuántos pozos, tanques y sectores están efectivamente conectados, qué porcentaje de la red puede monitorearse y cuántas fugas han sido detectadas por esa tecnología antes de que los propios vecinos tengan que encontrarlas y reportarlas.
Porque prometer en campaña es muy fácil; gobernar significa entregar resultados. Cuando transcurre más de un año de administración y continúan apareciendo fugas visibles, problemas de distribución y denuncias de reparaciones deficientes, es legítimo preguntar cuánto de aquella promesa ya se convirtió realmente en una herramienta funcional y cuánto permanece todavía como proyecto.
Pero además, no se trata de inventar el hilo negro
El problema, sin embargo, es todavía más sencillo: Naucalpan no necesita inventar el hilo negro ni esperar la llegada de una tecnología revolucionaria para saber qué tiene que hacer con su sistema de agua. Necesita voluntad política, planeación y una estrategia sostenida para renovar progresivamente su red hidráulica.
La telemetría puede ser extraordinariamente útil para conocer niveles, presiones y comportamientos de la red; los sensores pueden advertir anomalías y las válvulas inteligentes pueden permitir aislar sectores con mayor rapidez. Un centro de monitoreo moderno puede reducir tiempos de respuesta y mejorar la operación de OAPAS. Modernizar tecnológicamente el organismo es, sin duda, deseable.
Pero ninguna computadora puede devolverle décadas de vida útil a una tubería deteriorada. Un C4 puede detectar una pérdida más rápido, pero no impide que una línea agotada vuelva a fracturarse; una aplicación puede generar una alerta inmediata, pero no sustituye físicamente un tramo cuya vida útil terminó hace años.
El propio Gobierno Municipal ha reconocido esta realidad cuando decide sustituir infraestructura en lugar de seguir parchándola. En San Rafael Chamapa IV Sección, por ejemplo, OAPAS sustituyó una línea de asbesto-cemento instalada hacía más de 40 años y explicó que las fugas constantes estaban relacionadas tanto con las altas presiones como con el hecho de que el material había rebasado su vida útil. (Gobierno Naucalpan)
Ese ejemplo demuestra que el diagnóstico no es ningún misterio. Si una tubería antigua presenta averías recurrentes, existe un momento en que continuar reparándola deja de ser la mejor inversión y resulta necesario reemplazarla. Lo que Naucalpan requiere es llevar esa misma lógica a una escala proporcional al tamaño de su red.
La verdadera pregunta debería ser cuántos kilómetros de red vieja se están sustituyendo
Cada vez que OAPAS presente un balance anual debería incluir, junto al número de fugas reparadas, otra cifra mucho más relevante: cuántos kilómetros de tubería obsoleta fueron retirados definitivamente del servicio y reemplazados por infraestructura nueva.
También debería hacerse público cuáles son los sectores con mayor número de rupturas, qué materiales presentan más fallas, qué colonias tendrán prioridad, cuál será la inversión anual destinada específicamente a sustitución y qué meta pretende alcanzar el gobierno antes de terminar el trienio. Esos indicadores permitirían saber si se está modificando estructuralmente el sistema o solamente atendiendo las consecuencias de su envejecimiento.
El propio Plan Hídrico presentado por la actual administración contempla rehabilitación de líneas y fortalecimiento de la infraestructura. Incluso durante la campaña, Montoya había hablado de sustituir la red obsoleta. Por ello la discusión no consiste en proponer algo que el gobierno desconozca, sino en exigir que una promesa y un diagnóstico ya reconocidos se traduzcan en una política verificable, presupuestada y medible. (Gobierno Naucalpan)
Renovar tuberías es caro, obliga a abrir calles, genera molestias, necesita planeación y tiene una desventaja política evidente: después de gastar millones de pesos, buena parte de la obra queda enterrada y ya no aparece en la fotografía. Pero precisamente para eso se gobierna. La infraestructura más importante no siempre es la que genera la mejor publicación en Facebook.
Heredar una red vieja explica el problema, pero no puede justificarlo para siempre
Es evidente que Isaac Montoya no creó en 2025 una red hidráulica que lleva décadas deteriorándose. También sería injusto atribuir a una sola administración la responsabilidad por omisiones acumuladas durante distintos gobiernos municipales. El problema del agua en Naucalpan es estructural y ningún trienio puede sustituir de golpe dos mil kilómetros de tubería.
Pero reconocer ese antecedente es muy diferente a convertirlo en una excusa permanente. La actual administración llegó precisamente prometiendo modificar esa realidad. Durante la campaña, Montoya criticó que otros gobiernos utilizaran pretextos y culparan al pasado, y aseguró que realizaría inversión en infraestructura y rehabilitación de redes. (Página Nueve)
Toda administración hereda problemas. Lo que la ciudadanía termina evaluando es qué hizo con ellos después de recibir el gobierno. Por eso, al finalizar este periodo, una pregunta será inevitable: ¿la red hidráulica que entregue Isaac Montoya estará sustancialmente mejor que la que recibió?
Responderla requerirá algo más que una suma de fugas reparadas. Hará falta saber cuántos kilómetros fueron renovados, cuánto disminuyó el desperdicio, cuántas colonias mejoraron su continuidad en el suministro y cuánto se redujo la necesidad de atender recurrentemente los mismos puntos.
Zomeyucan resume en una fotografía un problema mucho más grande
La denuncia de avenida Río Hondo podría parecer, a primera vista, un asunto estrictamente local: una fuga, una excavación y una calle deteriorada. Pero precisamente por eso funciona como una radiografía del problema hidráulico municipal. Hay una infraestructura que falla, una cuadrilla que interviene, vecinos que cuestionan el resultado, agua que aparentemente continúa desperdiciándose y un pavimento que no quedó completamente restituido.
La solución inmediata debería ser sencilla. OAPAS tendría que revisar el punto, identificar el origen del agua, confirmar qué trabajos se realizaron, corregir la fuga en caso de que continúe activa, retirar el cascajo y concluir adecuadamente la reposición del pavimento. Además, debería aclarar públicamente si la intervención que los vecinos atribuyen al organismo corresponde efectivamente a sus cuadrillas y cuál es el estatus del reporte.

Pero después de solucionar ese punto queda una pregunta mucho más incómoda: ¿cuántos casos similares existen actualmente en Naucalpan que todavía no han circulado en redes sociales? La supervisión institucional debería detectar una reparación deficiente antes de que un vecino tenga que convertirla en denuncia pública.
Si la administración ha decidido utilizar cada reparación exitosa para comunicar resultados, también debe estar preparada para reconocer cuando un trabajo no quedó bien. Si una intervención falló, debe corregirse; si faltó material, debe investigarse; si se requiere una segunda reparación, debe explicarse. Rendición de cuentas también significa hacerse responsable de los malos resultados.
Opinión editorial | Metrópoli.click
La administración encabezada por Isaac Montoya tiene razón cuando afirma que recibió una infraestructura hídrica deteriorada. Son décadas de abandono, mantenimiento insuficiente y gobiernos que, en distinta medida, evitaron enfrentar una inversión compleja y poco vistosa como es la sustitución masiva de tuberías.
Pero precisamente por eso este gobierno no puede limitarse a hacer mejor publicidad de la misma dinámica de siempre.
No se trata de negar que OAPAS repare fugas. Las repara todos los días y sus propios números demuestran la magnitud del trabajo. El problema es que reparar ocho mil averías cada año no puede convertirse en la política hidráulica definitiva de Naucalpan cuando el propio organismo admite que una parte de la red tiene más de seis décadas de antigüedad.
Tampoco se trata de rechazar el C4 del Agua. La tecnología puede mejorar muchísimo la administración del recurso y acelerar la detección de fallas. Pero una tubería de 60 años seguirá siendo una tubería de 60 años aunque aparezca monitoreada en una pantalla de última generación.
Señor presidente municipal: Naucalpan no necesita tecnología mágica para descubrir que hay agua desperdiciándose en una calle cuando los propios vecinos ya pueden verla, grabarla y publicarla. Necesita que, cuando una fuga se repare, se repare bien, y necesita que paralelamente comience una sustitución sistemática de las tuberías que generan esas averías una y otra vez.
Con un presupuesto municipal cercano a los 7 mil millones de pesos, un organismo especializado, personal técnico y un diagnóstico que ya reconoce la antigüedad de la infraestructura, el reto no es descubrir el hilo negro. El reto es tomar una decisión política que anteriores administraciones tampoco quisieron asumir a la escala necesaria: invertir de manera sostenida en renovar la red hidráulica. (Gobierno Naucalpan)
Las reparaciones aisladas seguirán siendo indispensables mientras ese proceso ocurre, pero no deberían venderse como si cada parche representara por sí mismo una transformación estructural. La verdadera transformación se podrá presumir cuando Naucalpan tenga menos fugas porque tiene menos tubería obsoleta, no simplemente cuando OAPAS tenga más cuadrillas corriendo de una avería a otra.
La fotografía de San Antonio Zomeyucan debería incomodar al organismo no porque un vecino decidió publicarla, sino porque resume exactamente la distancia que todavía existe entre el anuncio oficial y la experiencia cotidiana de muchas comunidades.
Si OAPAS va a presumir con bombo y platillo que está reparando las fugas de Naucalpan, lo mínimo que debe garantizar es que, cuando la cuadrilla se retire, la fuga realmente haya quedado reparada y la calle no termine pareciendo una obra abandonada.
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