Estación Izcalli Chamapa avanza entre protestas de transportistas: ¿es Movimex realmente un sistema integral de transporte?
Mientras la estación de Izcalli Chamapa de la Línea 3 del Mexicable luce prácticamente terminada en su obra física, unidades de transporte concesionado de Naucalpan comenzaron a exhibir mensajes en los que aseguran ser afectadas por el proyecto. El conflicto pone a prueba la promesa del Gobierno de Delfina Gómez de construir, mediante Movimex, un verdadero sistema integrado de transporte.
Naucalpan de Juárez, Estado de México.— La construcción de la estación Izcalli Chamapa, una de las terminales de la Línea 3 del Mexicable que recorrerá las zonas altas de Naucalpan, muestra ya una imagen muy cercana a la que tendrá cuando comience a prestar servicio.
Fotografías difundidas recientemente muestran la estructura exterior prácticamente conformada en medio de la zona urbana de Chamapa. Sin embargo, mientras avanza la infraestructura que pretende reducir considerablemente los tiempos de traslado de miles de habitantes, en las calles comenzó a hacerse visible otro problema: la inconformidad de parte del transporte público concesionado que actualmente atiende esas comunidades.
En varias unidades de transporte colectivo de la zona aparecieron mensajes escritos directamente sobre los cristales traseros. Uno de ellos señala:
“Gobernadora, somos afectados del Mexicable, exigimos solución”.
La imagen podría parecer simplemente una protesta más de transportistas preocupados por la llegada de un nuevo competidor. Pero el problema tiene una dimensión mucho mayor.
Lo que está ocurriendo en Naucalpan representa precisamente uno de los escenarios que el Gobierno del Estado de México tendría que haber previsto dentro de Movimex, el proyecto presentado como un sistema integrado en el que los distintos medios de transporte —incluido el transporte concesionado— deberían complementarse y no competir desordenadamente entre sí.
Y ahí aparece la contradicción: ¿cómo puede hablarse de un sistema integrado cuando parte de quienes tendrían que formar parte de esa integración consideran que el propio sistema los está desplazando?

Izcalli Chamapa será una de las estaciones estratégicas de la Línea 3
La Línea 3 del Mexicable está diseñada para conectar las zonas altas de Naucalpan con Cuatro Caminos mediante un recorrido superior a los 9.5 kilómetros.
El proyecto fue originalmente diseñado con diez estaciones y posteriormente se anunció la incorporación de Alce Blanco, elevando el número a once. Entre ellas se encuentran Cuatro Caminos, Lázaro Cárdenas, El Molinito, San Antonio Zomeyucan, Centenario, La Tolva, Parque La Hormiga, Izcalli Chamapa, Benito Juárez y Lomas del Cadete, además de la ampliación anunciada.
El Gobierno municipal informó el 28 de julio que la construcción total de la Línea 3 ya superaba el 75% de avance, que la obra civil estaba prevista para concluir durante 2026 y que el inicio de operaciones se contempla para los primeros meses de 2027.
La expectativa oficial es transportar aproximadamente 40 mil pasajeros diariamente durante su etapa inicial y reducir un desplazamiento que actualmente puede alcanzar alrededor de una hora hasta aproximadamente 27 minutos.
Por ello, la estación Izcalli Chamapa no es una obra menor.
Será uno de los puntos desde donde habitantes de una de las regiones más densamente pobladas y con mayores dificultades geográficas de Naucalpan podrán incorporarse directamente a un sistema de transporte masivo.
Precisamente ahí surge el conflicto.

Los transportistas dicen que el Mexicable los está afectando
Las imágenes de las combis con mensajes contra la afectación provocada por el Mexicable no constituyen el primer episodio de inconformidad.
El pasado 29 de junio de 2026, transportistas de Naucalpan bloquearon durante aproximadamente siete horas los accesos de Cuatro Caminos para exigir claridad a la Secretaría de Movilidad sobre la modificación de sus derroteros ante la entrada en operación de la Línea 3.
En aquella protesta aparecieron mensajes muy similares a los observados ahora en las unidades: los operadores se asumían como afectados por la construcción del Mexicable y reclamaban diálogo con las autoridades.
Posteriormente se informó que el proyecto había considerado a 52 rutas de transporte público y que algunas de ellas tendrían que transformarse en rutas alimentadoras del nuevo sistema. Representantes transportistas señalaron, sin embargo, que no tenían suficiente claridad sobre la forma en que quedarían sus recorridos y su operación una vez que comenzara a funcionar el teleférico.
Es decir, el conflicto que ahora vuelve a hacerse visible en Chamapa no surgió ayer ni debería tomar por sorpresa al Gobierno estatal.
Desde hace meses existe una preocupación concreta de concesionarios y operadores respecto de la reorganización de rutas.
Y esto resulta especialmente relevante porque la integración del transporte existente con los nuevos sistemas masivos era precisamente una de las ideas centrales de la política estatal de movilidad.

¿Qué es Movimex?
El Gobierno de Delfina Gómez creó Movimex como la identidad del Sistema Integrado de Transporte Público del Estado de México.
Según la propia Secretaría de Movilidad, Movimex busca agrupar diferentes modalidades: Mexibús, Mexicable, taxi, corredores, Red de Transporte Público Mexiquense, Estaciones de Transferencia Modal y Tren Eléctrico Mexiquense, bajo una identidad común.
El proyecto contempla además una señalización homologada y un método único de pago mediante la Tarjeta Movimex.
En los sistemas masivos actualmente incorporados a esta red, como Mexibús y Mexicable, el gobierno ya establece una tarifa de diez pesos y transbordos gratuitos entre servicios de Movimex utilizando la tarjeta correspondiente.
La propuesta, en papel, tiene lógica.
Un verdadero sistema integrado significa que una persona pueda salir de su colonia, abordar una ruta alimentadora, llegar a una estación de transporte masivo, realizar un transbordo y continuar su viaje sin que cada tramo funcione como un servicio aislado.
Incluso desde enero de 2025, cuando se explicaban los beneficios de la Línea 3, el Gobierno municipal señalaba que el proyecto tendría relación con 68 empresas transportistas que operaban en el ETRAM Cuatro Caminos.
Por tanto, el transporte concesionado nunca fue un elemento externo al problema.
Era parte del problema que Movimex debía resolver.

La contradicción de Movimex: integrar a quienes ahora se sienten desplazados
Aquí se encuentra el punto más delicado.
La llegada del Mexicable inevitablemente modificará la demanda de transporte en Naucalpan.
Una persona que actualmente necesita abordar una combi desde Chamapa hasta determinadas zonas del municipio podría preferir utilizar el teleférico si éste resulta más rápido, seguro, predecible y económico.
Eso naturalmente representa una afectación potencial para algunas rutas que hoy dependen de esos pasajeros.
Pero un sistema integrado de transporte precisamente debería haber anticipado esa transformación.
No basta construir una estación y posteriormente negociar qué hacer con las rutas que ya existían.
La planeación tendría que establecer desde antes qué rutas permanecerán, cuáles se modificarán, cuáles funcionarán como alimentadoras, dónde realizarán ascenso y descenso, cómo se coordinarán sus horarios, cómo funcionarán los transbordos, qué tarifa recibirán y bajo qué esquema económico podrán participar los concesionarios.
La propia Secretaría de Movilidad tiene entre sus funciones definir, en coordinación con otras autoridades, la operación de rutas alimentadoras para sistemas de transporte de alta capacidad, además de regular el transporte público y vigilar el cumplimiento de las obligaciones de los concesionarios.
Por eso resulta insuficiente reducir este conflicto a una simple resistencia de transportistas.
Si después de meses de construcción, protestas y reuniones todavía existen operadores que no saben con claridad qué papel tendrán cuando comience a funcionar la Línea 3, existe al menos un problema de coordinación, comunicación o implementación del modelo de integración.
La protesta no demuestra por sí sola que no exista planeación técnica. Pero sí demuestra que, hasta ahora, esa planeación no ha conseguido generar una transición aceptada y suficientemente clara entre todos los actores involucrados.
Y eso es precisamente lo que un sistema verdaderamente integrado debería resolver.
Tampoco puede permitirse que los concesionarios tengan derecho de veto sobre la modernización
Existe también otra parte del problema que debe señalarse.
Los transportistas tienen derecho a exigir certeza sobre sus concesiones, inversiones, trabajadores y rutas.
Pero eso no significa que puedan impedir que los usuarios tengan acceso a mejores alternativas de movilidad simplemente porque una nueva infraestructura reduzca la cantidad de pasajeros de determinadas rutas.
Una concesión de transporte no significa que una empresa sea propietaria permanentemente de los usuarios de una comunidad.
La propia Secretaría de Movilidad define la concesión como el derecho otorgado por el Gobierno estatal a particulares o empresas para prestar un servicio público de transporte.
Por tanto, el centro de la política pública debe continuar siendo el usuario.
Si el Mexicable permite realizar en aproximadamente media hora un recorrido que hoy puede requerir cerca de una hora; si ofrece mayor regularidad, un sistema de pago electrónico y conexión con otros medios de transporte, no tendría sentido frenar esos beneficios únicamente para conservar intacto el mercado de determinadas rutas.
El Gobierno estatal debe proteger la continuidad laboral y construir alternativas razonables para operadores y concesionarios.
Pero integrar no puede significar conservar indefinidamente rutas duplicadas, recorridos ineficientes o modelos de operación únicamente porque existían antes del Mexicable.
El problema histórico del Estado de México: demasiada dependencia del transporte concesionado
El caso de Naucalpan también revela un problema estructural mucho más profundo.
Durante décadas, buena parte de la movilidad cotidiana del Estado de México se ha sostenido mediante miles de unidades concesionadas: combis, microbuses, autobuses y taxis que cubren prácticamente todos los municipios.
El problema no es que existan empresas privadas participando en la prestación del servicio.
El problema aparece cuando la red depende tanto de ellas que cualquier intento por reorganizar rutas o introducir sistemas masivos provoca conflictos capaces de paralizar puntos estratégicos de la ciudad.
La protesta de junio en Cuatro Caminos duró horas.
Ahora las unidades de Chamapa vuelven a expresar públicamente su inconformidad.
Eso demuestra que el éxito de la Línea 3 no dependerá solamente de que las cabinas circulen correctamente.
Dependerá también de que el Gobierno consiga reorganizar toda la movilidad terrestre que existe debajo del cable.
Porque el Mexicable puede resolver una parte del recorrido, pero difícilmente podrá sustituir todos los viajes locales dentro de colonias como Izcalli Chamapa, La Tolva, San Antonio Zomeyucan, Benito Juárez o Lomas del Cadete.
Ahí seguirá siendo necesario el transporte alimentador.
Y precisamente por eso las combis pueden dejar de ser competidoras del Mexicable para convertirse en una pieza complementaria del sistema.
Pero eso requiere planeación.
Pintar las unidades de Movimex no significa tener un sistema integrado
Existe además un riesgo adicional en la estrategia estatal: confundir identidad visual con integración operativa.
La Secretaría de Movilidad ya cuenta con una norma técnica para homologar la identidad gráfica de Movimex y establece una cromática aplicable al transporte.
Eso puede ayudar a que el usuario identifique fácilmente la red.
Pero una misma imagen, un logotipo común o incluso una tarjeta de pago no convierten automáticamente a decenas de empresas independientes en un sistema integrado.
La verdadera integración ocurre cuando existe coordinación en:
horarios, frecuencias, rutas, tarifas, transbordos, información al usuario, mecanismos de pago, seguridad, accesibilidad, calidad de las unidades y responsabilidades de cada operador.
Si una persona baja del Mexicable y después debe buscar una combi sin horario conocido, pagar nuevamente una tarifa independiente y esperar hasta que la unidad decida iniciar su recorrido, entonces habrá integración gráfica, pero no necesariamente integración real.
El reto de Movimex es mucho mayor que cambiar colores.
La discusión tampoco debe convertirse en “Mexicable contra combis”
Sería igualmente equivocado plantear el conflicto como una batalla entre dos modelos donde necesariamente uno tenga que desaparecer.
Las características geográficas de Naucalpan hacen indispensable contar con diferentes formas de transporte.
El Mexicable resulta especialmente útil para superar barrancas, pendientes y zonas urbanas donde construir infraestructura ferroviaria o corredores de autobuses sería mucho más complicado.
Pero difícilmente una estación podrá encontrarse frente a la vivienda de cada usuario.
Siempre existirá un tramo previo o posterior al recorrido principal.
Precisamente ahí pueden intervenir las rutas concesionadas.
Un modelo racional podría convertir parte de las actuales combis en rutas alimentadoras de corta distancia, con recorridos mejor definidos y conectados directamente con las estaciones.
El transportista mantendría una actividad económica. El usuario obtendría una conexión eficiente. Y el Estado dejaría de tener dos sistemas compitiendo por el mismo pasajero. Eso sería integración.
Pero esa integración también tendría que venir acompañada de una mejora sustancial en la calidad del transporte concesionado.
No tendría sentido integrar las actuales rutas a Movimex únicamente modificando sus recorridos, colores o puntos de conexión si continúan algunos de los problemas que durante años han generado inconformidad entre los usuarios.
La transformación tendría que incluir mejores condiciones mecánicas y mantenimiento permanente de las unidades, pues todavía circulan vehículos con evidente desgaste, deterioro o deficiencias que terminan afectando la comodidad y, potencialmente, la seguridad de quienes dependen diariamente del transporte público.
También tendría que existir una mayor profesionalización y supervisión de quienes conducen las unidades.
Una de las quejas recurrentes alrededor del transporte concesionado tiene que ver precisamente con formas de conducción que pueden resultar imprudentes, ascensos y descensos en lugares inadecuados, competencia entre unidades por ganar pasajeros, detenciones que afectan la circulación y otras prácticas que generan molestias no solamente a quienes viajan dentro de las combis, sino también a peatones, automovilistas y comunidades enteras.
Si el Gobierno del Estado de México pretende incorporar verdaderamente a las empresas concesionarias dentro de Movimex, entonces la integración también debe implicar nuevos estándares de servicio, mantenimiento, capacitación, seguridad vial, supervisión y atención al usuario.
Los concesionarios tienen derecho a pedir certeza sobre la forma en que operarán con la llegada del Mexicable, pero también deberán asumir que formar parte de un sistema moderno de movilidad implica elevar la calidad del servicio que prestan.
El objetivo no puede ser únicamente garantizar que las empresas transportistas continúen teniendo pasajeros.
El objetivo debe ser que el usuario reciba un servicio mejor que el que tenía antes de la llegada del nuevo sistema.
De lo contrario, Movimex correría el riesgo de integrar administrativamente al transporte concesionado sin resolver precisamente aquellas deficiencias que hicieron necesario modernizar la movilidad del Estado de México.
La llegada del Mexicable, por tanto, podría utilizarse como una oportunidad para transformar también el transporte terrestre de Chamapa y de las comunidades vecinas: unidades en mejores condiciones, operadores capacitados, recorridos ordenados, conducción responsable, frecuencias definidas y una verdadera cultura de servicio al usuario.
Eso sí sería construir un sistema integral y no simplemente colocar diferentes medios de transporte bajo una misma marca.
¿Qué tendría que resolver el Gobierno antes de inaugurar la Línea 3?
Antes de que comiencen las operaciones en 2027, la Secretaría de Movilidad debería dejar resueltos públicamente varios asuntos fundamentales: los nuevos derroteros de las rutas afectadas; las empresas que se convertirán en alimentadoras; el mecanismo de pago y de eventual reparto de ingresos; los puntos de transferencia; la coordinación de horarios y frecuencias; los estándares de las unidades; y las reglas para evitar que el transporte concesionado simplemente compita puerta con puerta contra el Mexicable.
Además, los acuerdos deberían ser transparentes.
La ciudadanía necesita conocer qué recibe cada concesionario a cambio de modificar una ruta, qué obligaciones deberá cumplir y qué beneficios concretos recibirá el usuario.
Porque tampoco sería conveniente solucionar el conflicto mediante acuerdos políticos opacos que mantengan privilegios o rutas innecesarias únicamente para evitar protestas.
La prioridad tiene que ser construir la mejor red posible.
El mensaje escrito en una combi revela un problema mucho más grande
“Somos afectados del Mexicable, exigimos solución”.
La frase escrita en los vidrios de las unidades parece sencilla, pero resume el verdadero desafío que enfrenta la política de movilidad del Estado de México.
El Gobierno está construyendo infraestructura moderna.
Pero ahora necesita demostrar que también sabe administrar la transición entre el antiguo modelo de transporte concesionado y los nuevos sistemas de movilidad masiva.
La Línea 3 puede representar una mejora importante para miles de habitantes de Naucalpan. Los datos del propio proyecto muestran que existe potencial para reducir considerablemente los tiempos de traslado y conectar comunidades históricamente complicadas con Cuatro Caminos.
Pero colocar postes, construir estaciones y comprar cabinas es solamente una parte del trabajo.
La otra consiste en reorganizar correctamente todo lo que ya existe.
Movimex enfrenta en Naucalpan su verdadera prueba
Si el Gobierno de Delfina Gómez consigue convertir las rutas afectadas en una red ordenada de alimentación, establecer reglas claras, homologar pagos, mejorar las unidades y poner al usuario por encima de los intereses particulares, el conflicto actual podrá convertirse en una oportunidad para demostrar que Movimex realmente funciona.
Pero si cada nuevo Mexicable o Mexibús genera bloqueos porque los concesionarios descubren cuando la infraestructura está prácticamente terminada que perderán pasajeros o tendrán que modificar sus recorridos, entonces habrá que cuestionar qué tan integral es realmente la planeación.
Un sistema integrado de transporte no debería funcionar como una colección de proyectos nuevos rodeados de rutas antiguas que siguen operando independientemente.
Debe funcionar como una sola red. Y esa diferencia es fundamental. El Estado de México no necesita elegir entre Mexicable o combis.
Necesita determinar para qué sirve cada uno, dónde debe operar y cómo se conectan, siempre privilegiando el derecho de millones de usuarios a desplazarse de manera segura, accesible, rápida y digna.
La estación Izcalli Chamapa puede estar cada vez más cerca de quedar lista.
La pregunta ahora es si el sistema de movilidad que debe existir alrededor de ella también lo estará cuando llegue el momento de abrir sus puertas.
Porque esa será la verdadera medida del éxito de Movimex.
Responses